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aaaaaExcmas.,
Ilmas. y Dignísimas Autoridades, singularmente la Corporación
Municipal de esta Muy Noble, Muy Leal y Muy Heroica
Ciudad de Cádiz; queridos compañeros de la Real y Benemérita
Institución de los Caballeros Hospitalarios de San Juan
Bautista, especialmente los miembros de su Consejo Supremo
que me honro en presidir; estimados amigos; señoras,
señores y respetable público:
aaaaaQuiero
comenzar repitiendo, con toda intencionalidad, eso de
que: "La adulación servil fuera en mi mengua, porque
la fe del hombre agradecido, está en el corazón, y no
en la lengua", que dejara escrito nuestro inmortal Zorrilla.
aaaaaAunque
obvio, justo es manifestar públicamente que esta distinción
- la máxima que otorga nuestro Ayuntamiento - nos llena
de legítimo orgullo, de satisfacción y de gratitud.
aaaaaDe
legítimo orgullo, porque se reconoce públicamente la
entrega, generosidad y esfuerzo que, durante ciento
cincuenta años, vienen realizando los Caballeros y Damas
Hospitalarios, tratando de hacer realidad eso de que
otro mundo mejor es posible; pero empezando por establecer
mecanismos, estructuras y compromisos que minimicen
o acaben con tantas desigualdades, tanto sufrimiento,
tanta injusticia, tanta soledad,……. De satisfacción,
porque no es frecuente que suelan reconocerse los merecimientos
de la vida de los demás "hasta que ya es demasiado tarde",
(A.Christie), y aquí hay, hoy, suficientes excepciones
a esa regla. Y de gratitud, "Porque el ser agradecido,
la obligación mayor es, para el hombre bien nacido",
de Quevedo, aplicable a todos los Caballeros y Damas
Hospitalarios. Además, y no sé quién lo dijo, "el exceso
de sana gratitud, puede que sea uno de los excesos más
recomendables en este mundo".
aaaaaNuestra
Institución no tiene, para sus miembros, ninguna respuesta
al problema del "ser o no ser" de Hamlet, porque nuestro
único problema y nuestra única tensión de ánimo, - basados
en la coigual dignidad de toda persona humana -, son
"ser para los demás o no ser para los demás", especialmente
hacia aquellos que, circunstancial o permanentemente,
están más allá de la raya que marca (clara y acusadoramente)
el límite de esa mínima dignidad que debe poseer todo
hombre, toda mujer, no importa qué edad, qué lengua,
qué raza, qué credo, qué lugar, ……., ocupen en el planeta
Tierra.
aaaaaLa
entrega de la vida es el único don que nunca resulta
engañoso; por eso, mientras tengamos memoria los gaditanos
de buena voluntad, en general, y los Caballeros Hospitalarios,
en particular, siempre estaremos en deuda con quienes,
sirviendo a los más necesitados, murieron - a finales
del siglo XIX - contagiados por la peste; esa sí que
es una de nuestras glorias y, tal vez, la razón principal
de que hoy - sus sucesores - recojamos este reconocimiento
que con tanta razón ellos se merecieron.
aaaaaCon
nuestra más cariñosa enhorabuena a todos los galardonados:
¡gracias de corazón; muchas gracias!.
Cádiz,
26 de febrero de 2010
- Francisco J. Súnico Varela -
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